Historia
11 de oct de 2026
El ultimátum de Trump a Ucrania convierte un acuerdo sobre combustible en una disputa sobre quién puede hacer la paz
La exigencia de Donald Trump de un nuevo liderazgo ucraniano ha profundizado las tensiones en torno a un acuerdo sobre diésel con Rusia, mientras Kyiv, sus aliados europeos y Moscú ofrecen interpretaciones marcadamente diferentes sobre quién está bloqueando la paz.
Donald Trump ha transformado una disputa sobre las exportaciones rusas de combustible en un desafío directo al liderazgo político de Ucrania, culpando a Volodymyr Zelenskyy de prolongar la guerra y de amenazar los precios del combustible en Estados Unidos.
Trump afirma que Zelenskyy ha rechazado repetidamente oportunidades para poner fin al conflicto y que debería ser reemplazado por “un nuevo líder que pueda llegar a un acuerdo”.1 Su argumento vincula dos cuestiones que Kyiv y sus aliados consideran por separado: las negociaciones sobre la guerra y los ataques de Ucrania contra la infraestructura petrolera rusa. Trump ha advertido a Zelenskyy que deje de atacar las refinerías, afirmando que los ataques crean problemas para los agricultores y ganaderos estadounidenses al agravar la escasez de diésel.1
La respuesta ucraniana es tanto constitucional como estratégica. El ministro de Asuntos Exteriores, Andriy Sybiga, afirmó que Zelenskyy “cuenta con el apoyo del pueblo ucraniano, y ellos tienen derecho a decidir”, y añadió que las críticas extranjeras solo confirman que está haciendo su trabajo.2 Zelenskyy, por su parte, condenó el acuerdo de Trump sobre el diésel con Moscú por considerarlo un salvavidas económico para Rusia, argumentando que los ingresos adicionales procedentes de la energía ayudarían a financiar la producción de armas y prolongarían la guerra.2
Los gobiernos europeos comparten en gran medida la preocupación de Kyiv. Alemania afirmó que el apoyo a Ucrania seguía siendo firme y respaldó nuevas sanciones, mientras que Suecia advirtió que los ingresos energéticos son fundamentales para el esfuerzo bélico de Rusia.3 El momento ha agudizado esas críticas: según informes, los ataques rusos mataron al menos a 20 personas en Zaporiyia, incluidos tres niños, mientras Washington avanzaba para suavizar las restricciones a las exportaciones rusas de diésel.3
Moscú, en cambio, acogió con satisfacción la intervención de Trump. El enviado del Kremlin, Kirill Dmitriev, calificó de “histórico” el llamado a un nuevo liderazgo ucraniano, presentándolo como una prueba de que Washington favorece ahora a líderes centrados en la paz.4 La división central, por tanto, no radica en si es deseable un acuerdo, sino en quién es responsable de la guerra y en si la presión sobre Kyiv o sobre Moscú es el camino para ponerle fin.