Historia
11 de oct de 2026

Actualizado el 12/10/2026

La respuesta de Panamá al terremoto tiene dificultades para contener el temor público

Dos terremotos de gran magnitud, réplicas y las primeras alertas de tsunami expusieron una marcada división entre los llamados del Gobierno a la calma y los residentes que enfrentaban daños visibles, evacuaciones e incertidumbre.

Los dos terremotos de Panamá expusieron un dilema conocido de la gestión de crisis: las autoridades buscaban proyectar control mientras los residentes enfrentaban edificios que temblaban, carreteras dañadas y la inquietante posibilidad de nuevos temblores.

El primer terremoto fue medido de diversas maneras con una magnitud de 7,6 o 7,7, seguido horas después por otro fuerte sismo. Las primeras alertas de tsunami finalmente fueron levantadas, pero la amenaza intensificó la ansiedad a lo largo de la costa del Pacífico de Panamá y en los países vecinos. Se registraron más de 45 réplicas, según la Universidad de Panamá, mientras surgían informes sobre carreteras agrietadas, edificios dañados y el derrumbe parcial de una catedral en Penonomé.

El presidente José Raúl Mulino pidió moderación y declaró: «Lo ocurrido no debe utilizarse para causar alarma o desorden». Ese mensaje reflejaba la prioridad oficial: evitar el pánico mientras las autoridades evaluaban los daños. El Gobierno informó que no había muertes confirmadas hasta el viernes por la noche, aunque se habían reportado heridos y daños estructurales fuera de la capital.

La respuesta del público fue menos serena. Los residentes evacuaron viviendas, escuelas y hospitales, y algunos panameños alarmados supuestamente durmieron en las calles mientras continuaban las réplicas. Un residente describió el terremoto como lo bastante fuerte para hacer caer objetos de los estantes de la cocina y añadió: «Todos están afuera, asustados».

Los relatos contrastantes no describen necesariamente acontecimientos distintos, sino diferentes puntos de vista. Las autoridades se centraron en la ausencia de un elevado número de víctimas y en el funcionamiento continuo del Canal de Panamá, mientras que los informes locales destacaron monumentos dañados, transporte interrumpido y el impacto psicológico de los temblores repetidos. Estados Unidos afirmó que estaba movilizando asistencia a petición de Panamá, lo que indicaba que la emergencia había pasado de las garantías a la respuesta.

La cancelación de la alerta de tsunami ofreció alivio, pero no resolvió la tensión central: la calma oficial podía limitar el desorden, pero los daños visibles y las réplicas persistentes dificultaban desestimar el temor público.