Historia
12 de oct de 2026

La emergencia sísmica de Panamá expone la brecha entre la ayuda oficial y el miedo de los residentes

Panamá declaró el estado de emergencia después de que dos fuertes terremotos dañaran viviendas, escuelas e infraestructura en todo el país. Las autoridades destacan el limitado número de víctimas mortales y la ayuda internacional, mientras los residentes permanecen varados, desplazados y ansiosos por las réplicas que continúan.

El Gobierno de Panamá ha declarado el estado de emergencia después de que dos fuertes terremotos y más de 100 réplicas dañaran comunidades en todo el país, dejando a los residentes atrapados entre las garantías oficiales y el miedo inmediato de regresar a sus hogares.

Según las autoridades, los terremotos de magnitud 7,7 y 6,6 causaron daños en las 10 provincias y dos territorios indígenas. Se vieron afectadas viviendas, escuelas, centros de salud, carreteras, puentes, hoteles e iglesias, mientras que los deslizamientos de tierra y las carreteras dañadas dejaron aisladas a algunas comunidades. Se informó de al menos 27 personas heridas, pero las autoridades dijeron que no hubo muertes relacionadas con los terremotos.

El relato del Gobierno enfatiza la magnitud de la respuesta y el aparente éxito de las normas de construcción de Panamá. Carlos Valdés, jefe de sismología de la Universidad Nacional Autónoma de México, dijo que el país pudo haber evitado un número elevado de víctimas mortales gracias a sus “estrictas normas de construcción”, particularmente en la capital. Estados Unidos dijo que estaba movilizando conocimientos especializados en búsqueda y rescate y evaluaciones aéreas, al tiempo que prometía 5 millones de dólares en asistencia humanitaria. El secretario de Estado Marco Rubio escribió que Washington estaba “supervisando de cerca los informes” y movilizando rápidamente recursos a solicitud de Panamá.

La perspectiva de las comunidades afectadas es más inmediata y menos tranquilizadora. Un relato conservador presentó la crisis a través de la imagen de “panameños desconcertados” durmiendo en las calles mientras continuaban las réplicas. En La Villa de Los Santos, según los informes, los residentes pasaron la noche al aire libre ante la incertidumbre sobre si sus viviendas dañadas eran seguras. Tony Jiménez, cuya casa se derrumbó parcialmente, dijo: “Fue algo terrible. Puedo decirles con absoluta certeza que en mis 90 años nunca había vivido algo así”.

Ambas perspectivas apuntan a un país que se salvó de una catástrofe mucho mayor, pero difieren en lo que eso significa. Para las autoridades, el limitado número de víctimas mortales valida la preparación y permite coordinar los esfuerzos de ayuda. Para los residentes desplazados, las réplicas continuas, los daños estructurales y la falta de acceso a algunas comunidades convierten la emergencia en una crisis sin resolver, más que en un desastre evitado.